La vida está creándose en cada instante, y si no nos entretenemos con los argumentos imaginarios de nuestro pensamiento egocentrado, descubriremos esa vida creadora. Darnos cuenta de esto es extraordinariamente transformador. Observando en esta dirección empezamos a ver todas las cosas a través de esa verdad, y ella nos va haciendo desde dentro, nos va creando de nuevo. Es como volver a nacer. Por eso la filosofía perenne ha llamado a esta transformación un nuevo nacimiento.
Vivir la vida de acuerdo a las normas de una sociedad, a una tradición religiosa, a una filosofía, ¿qué sentido tiene? Si todos los cambios que han ocurrido en mi mente tenían este origen condicionado, si eran para amoldarme a unas experiencias de la época, a un estilo de persona, a un ideal religioso o social ¿he vivido mí propia vida? Para encontrarme con mi propia vida, con algo auténtico, de primera mano, tengo que vaciarme de todas estas ambiciones o deseos. Hasta que desaparezca el bullicio de tantas ideas adquiridas y pueda percibirse el silencio que abre las puertas a mi auténtica vida.
Cuando empiezo a escuchar serena y cuidadosamente el silencio que está detrás de todas las voces conocidas, dejo de entretenerme en cambiar las situaciones de mi vida y las de los demás. Descubro el valor, hasta entonces desconocido para mí, de la observación silenciosa. Compruebo así lo sencillo que es vivir en un estado de meditación, porque la mente meditativa es el estado natural de la mente creativa.
Meditar es ser consciente, vivir vigilante, mirar de una manera nueva. Mientras sólo veo a través de apariencias, sean ideas, estados de ánimo o hábitos pisco-físicos, todo se mueve por el mismo carril acostumbrado, todo es mecánico y aburrido. Para ver más allá de lo que vemos, para que nuestra mirada sea verdadera, creadora, hay que soltar lo que veníamos viendo, hay que abandonar esquemas viejos, hay que colocarse en otro lugar desde donde nuestra vista abarque un espacio más amplio. Es aprender a ver lo invisible en todo lo que aparece ante mi vista. Es como dirigir nuestra mirada allí donde normalmente no veíamos nada. Es como estrenar nuevos ojos para una nueva manera de ver que creará una nueva vida.
En el espacio ilimitado de nuestra mente, escuchando el silencio interior, surge la meditación, la contemplación gozosa de «lo que es» de instante en instante. El vaciar la mente de actitudes fijas, de recuerdos, de creencias, la deja en un estado inocente en el que el silencio aparece y comienza su actitud creativa. En cada situación, en cada momento de la existencia en el que irrumpe el silencio en mi mente, allí distingo lo real de lo irreal, allí me siento libre y en comunión con todo. Comprendo entonces que la vida es algo que se está inventando a cada latido de mi corazón.
Consuelo Martín
Música: Capercaillie – Alasdair Mhic Cholla



