La mente que busca el Buda es la mente que reconoce la impermanencia del mundo. Cuando uno reconoce la naturaleza efímera del mundo, no pueden surgir ni la mente centrada en sí misma ni la que persigue la gloria y las riquezas… Si no existe un yo, nada hay a lo que aferrarse. Dogen Para este gran maestro japonés, olvidarse de sí mismo es la clave para despertar al Ser. ¿Cómo –se pregunta Karl Dürckheim- se manifiesta el Ser? ¿Bajo qué forma –insiste- se expresa? ¿Qué criterios se pueden seguir que nos garanticen que aquello que consideramos expresiones del Ser…
La muerte es continuar aferrado a «lo que hay», reprimiendo lo que late en el corazón de los instantes de la Vida. Ella invita a salir de la memoria, a saber perder el tiempo para vivir fuera del tiempo. Vívelo, «no pierdas el tiempo».
Hasta entonces siempre la había visto de lejos, a través de la tele. Hablaba otros idiomas, residía en otras casas. Siempre evitándola, llamándola de otro modo, cerrando los ojos o mirando para otro lado. Sabía de ella de pasada, en forma de papel pegado a alguna pared, o escondida en un coche oscuro. Le dedicaba media hora máximo, si ésta le tocaba a alguien cercano y acudía a la iglesia. Siempre le sucedía a otras personas, mas mayores, que habían llevado mala vida o habían tenido mala suerte… hasta que un día se acercó tanto que se llevó consigo parte…
Cumplido su viaje, ha caído de la rama como las mismas hojas, seco y dócil. Un golpe sordo de plumas y de huesos en lo recóndito del día. El que a fuerza de liviano se hizo uno con los aires, con qué mansedumbre se da a la tierra. Doblar así, sin resistirse, como el pájaro y las hojas, como el que siendo nadie fue la vida que vive y muere.
Sesshin Zen del 01 al 04 de noviembre de 2012 con los Maestros Rafael Redondo y Pedro Vidal Llegar a Berriz es como volver a casa. Es oler la tierra fresca y la yerba recién segada. Dejarse acariciar los tímpanos por el gorjeo de los pájaros. Sentir la paz en cada poro, saberse protegido por el Padre Anboto. Siempre es un lujo alejarse del ruido exterior y sumergirse en un lugar diseñado para la interiorización, para el amismamiento. Sentir la armonía de la naturaleza e ir dejando que te impregne, lubricando el mecanismo del silencio interior. Hacerlo de la mano…