Hilos de oro se deshacen al amanecer nos cubren con su manto dorado se estrechan hasta el infinito durante el día para juntarse en el atardecer. Cada uno de los hilos nos une a quienes nos sentamos unidxs por la experiencia del silencio. y hay un hilo que nos teje es un hilo invisible imperecedero que siempre ha estado ahí cubierto de musgo y que de vez en cuando se puede ver a veces bajo la luna a veces en la oscuridad de las noches más frías otras en el reflejo del sol en el mar y siempre en el…
Escribo en otoño. A mis setenta y cinco años vivo esta estación como el atardecer de mi atardecer; también, y sobre todo, de un sentido renacer. Otoño, primavera interior. Bienvenido seas tú, mi caro otoño, tiempo extraño al tiempo; el que nos lleva a la interior morada de la creación, mientras todo exterior suena a demolición. Todo en otoño es volver a la raíz, al secreto resuello de la hoguera encendida en los adentros… Ahora es otoño. Todo vegetal, arbusto o árbol, ahora se entierra, se introvierte en el silencio de su inaudible latido. Y el ser humano también se…
Observar el sonido del silencio es comprender, y no sin asombro, el lenguaje sin lengua proferido entre dos tiempos y dos pensamientos, el que se abre paso en la vacua geometría de un cosmos sin costuras. E hincarse de rodillas. Hoy, una vez más, pude admirar la extensa dimensión del crepúsculo plomizo en Bilbao, con todo el aire golpeando mi frente. Y se me dio el don -no en exclusiva, claro- de poder ver que despertar es constatar las formas que, una a una, como silenciosos copos que en vez de caer, brotaran del silencio de la Unidad, y en…
Me pide Rafa un escrito sobre este pasado retiro a las faldas del Anboto, nuevamente acogidos por nuestras ya hermanas de camino del Barnezabal del Berriz. Y me sale recurrir a la foto que Karmele nos ha regalado de la montaña, de cuyas cuevas parece descender Mari, su Dama, hecha fulgor de luz. Porque si en la foto la luz se hace forma, en este retiro ha cobrado peso el Silencio. Pocas veces como este fin de semana me he sentido tan sobrecogido por la presencia del vacío, la solidez de una ausencia de ruido que hacía igualarse a silencio…
La meditación de hoy brotó entre nimbos. Un cielo de plomo que el sol no puede romper. Mas la contemplación es una saeta que penetra los puntos cardinales. Sin necesidad de moverse… Sentarse sin más. Eso es despertar: cuando tus células se abren por todos los poros de tu cuerpo al infinito. Cuando ya no eres tú quien respira, sino que
Nada buscamos al hacer Za-Zen, ni siquiera la iluminación. Esta ya era antes de nuestro nacimiento. Za-Zen mismo es pura iluminación, puro despertar, puro caer en la cuenta. El árbol, desde el alba del mundo, sabe hacer Za-Zen. Para conocer esta verdad no es preciso ser maestro sino discípulo del Silencio, ni es asunto de técnicas, sino de sencilla disposición a dejarse engendrar. Todo nos ha sido dado y sigue dando sin que nosotros tengamos que hacer mérito para adquirirlo. El azul celeste, la vía láctea, las estrellas, la luz, el viento y la naturaleza toda. No tenemos que hacer…
Dicen del mar que contiene todos los elementos de la tabla periódica. Si realizamos un paralelismo entre el mar y el transcurrir de la Vida, con sus corrientes y todos sus elementos múltiples y diferenciados, podríamos decir que el ser humano es como un grano de sal en el mar de la vida que en sí lleva la Tabla Periódica del Universo entero, la sabiduría profunda y la plenitud de lo inefable. Pero esos seres que somos cada uno de nosotros, nos hemos encarnado en panoramas y realidades diferentes: familias, culturas, países, continentes, época… que nos ha otorgado un resumen…
Juan de la Cruz, sufrió como pocos, la llamada “NOCHE OSCURA”, pero la iluminó con su Llama de Amor Viva. Fue el sereno de esa noche, el centinela de la alborada. Escribió lo que a mi juicio es uno de los mejores poemas de amor jamás escritos: Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el amado, cesó todo, y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado. ¡Oh noche que me guiaste!, ¡oh noche amable más que el alborada!, ¡oh noche que juntaste amado con amada, amada en el amado transformada! Juan, supo ver en el vacío de la ausencia…
Hay un tramo del camino donde se pone a prueba el mismo caminante. Un trecho estrecho, y escabroso, donde el camino deviene en Camino. Comienza allí un umbral que sólo puede atravesarse dando un salto a otro nivel. Extraño, sorprendente cambio de rasante donde el andar se torna en desandar. Quien hasta ese ramal llegara, deberá proseguir ligero de equipaje, mudar sus antiguos modos. Cambiar de vida. Inevitable pirueta para quien ve la imperiosa necesidad de liberarse de la esclerosis de las viejas maneras, e inaugurarse él mismo en tanto que Camino. Es en ese brocal donde el peregrino advierte…