YASENKANNA O GYOGAZEN

 Zen del Cuerpo como Totalidad

Método del maestro Hakuin Ekaku para salir del agotamiento físico y mental, mantenerte en paz y recuperar el mejor estado, asentándose en el Ki en tu cuerpo y haciéndote despertar a la vida auténtica.

Arao Arai Rôshi lo define también como el zen del cuerpo como Totalidad

BENEFICIOS

Describe esta práctica como el gran método para que desaparezcan el cansancio, el agotamiento físico y mental.

Hace que se vayan purificando las zonas del cuerpo donde la energía “ki” era insuficiente o estaba estancada.

Resuelve los males y sufrimientos acumulados, se retoma el estado de salud. Dice que practicado con constancia, cura toda enfermedad y obtiene todas las virtudes.

La alegría surge del corazón y el cuerpo, que viven en armonía.

PRACTICA

Postura acostados, juntando y estirando las dos piernas y los dos pies hacia adelante y por igual, sin hacer fuerza con los talones. Los pies en la tensión mínima de las 12,00hrs

Al inspirar, la energía Ki de todo tu cuerpo- que tiene su raíz en el Cielo y la Tierra, unifica el fuego de la mente y del corazón llevándola al Tandem.

Al espirar toda esa fuerza de vida irá al Kikai Tandem- Tandem, riñones, caderas coxis, piernas, pies, y centro de las plantas de los pies, llenándolo entero.

Kikai Tanden significa el mar en el cual se concentra la energía de la Vida y es toda la zona del cuerpo que hay entre el Tanden y el Centro de la planta de cada pie. En la práctica de Yasenkana se fortalece en primer lugar el Tanden, y esa gran fuerza de Vida que se acumula en él, llena después el Kikai Tanden para, dese ahí alimentar todo el cuerpo.

Se representa la imagen de un trozo de “SO” o “Nanso” (sustancia olorosa del color de la leche, de admirable pureza), que Rafael Redondo acostumbraba a sustituir, como él mismo decía, por algo más occidental, como “La fuente que mana y corre”.

Dejar que en cada inspiración se derrame el agua de la fuente desde lo alto de la cabeza, junto con el aliento de vida, por los poros de tu piel, y en la espiración vaya inundando y nutriendo los diferentes sistemas y órganos del cuerpo.

Así, va mojando tu cabeza, cuello, garganta y bajando por los hombros, brazos, pecho, pulmones, hígado, estómago, intestinos, bañando todo, según va descendiendo e introduciéndose, hasta la extremidad de la columna vertebral.

Agua viva que inunda, impregna y va nutriendo a su paso, todos los órganos y cada célula, por dentro y por fuera. Inundando vida en cada espiración y dejando tu cuerpo tan transparente como el cristal.

De este modo irá lavando, purificando, aliviando el cuerpo y todos los sufrimientos. El agua irá descendiendo, bañando las caderas, hasta las piernas y los pies.

Permitiendo que el agua de la fuente, junto con el aliento de vida, entre por los poros de la piel desde lo alto de tu cabeza hasta el centro de la planta de cada pie. Y en la espiración, el agua y el aliento de vida salen por el centro de cada planta del pie hasta el mismo centro de la tierra.

Deja que la tierra te sostenga, hundiendo tus raíces, siente la tranquilidad y la calma que te invaden. Confía tu cuerpo a la naturaleza y a la vida. Abandónate, abandónate… relájate más y más…

Ahora colocar las manos sobre el Hara. Los pies siguen con la tensión justa. Sentimos el prodigio de respirar, eso que no hemos fabricado nosotros, sino que nos construye, el milagro de la respiración. Sigue atendiendo a la respiración y observa esa doble vertiente espiración e inspiración, ese sube y baja, ese palpitar del universo que eres.

Ahora Hakuin quiere que tensiones un poco las manos sobre el Hara, poner los pies a las 13,50.

Centrarse en la presión que se nota en la inspiración. En cada inspiración baja tu sombra acumulada en el pecho, los pensamientos, deseos, e imágenes, al horno del Hara, que abarque toda la faja lumbar, la zona geográfica del Hara. En este horno, los deseos, la ansiedad, la ira se trasmutan en energía que va al fondo y sale por los pies.

Ideal del zen cabeza fría y pies calientes. Se irá notando una paulatina diferencia de temperatura entre la parte superior y la parte inferior, que estará más caliente. Se repite inspirando bajar al Hara, vaciamiento del pecho y pensamientos a ese horno, y se transmuta toda esa hojarasca convertida en energía, que fluye por toda la parte inferior. Bajando ahí, toda esa fuerza.

Continua con esta experiencia, esta toma de conciencia. No hay que conseguir nada, sino que vivir la presencia fluida de la respiración.

Vamos a acompañar la respiración con este mantra que recitamos mentalmente al ritmo de la inspiración y la expiración: “Aunque vivo, me quedo muerta, acabadamente muerta, en este estado mis conflictos quedan resueltos”.  “Aunque vivo, me quedo muerto, acabadamente muerto, en este estado mis problemas quedan resueltos”. No hace falta recordar el mantra, solo poner atención en la bajada del pensamiento y la emoción a la fragua del hara

Ahora las manos a ambos lados del cuerpo, y sentimos el respirar. Sentimos el flujo y sobre todo el cuerpo de energía interior que nos mantiene en vida. Percatarse de ese umbral de la iluminación que nos mantiene y sostiene, ese cuerpo de energía que está en mi vena más profunda. Siente la energía, modo de llamar al espíritu, esa energía interna.

Ahora, sacude de tu cabeza toda imagen que se presente, no pelees con ellas, pasa de ellas, de todas las imágenes, y sobre todo de la imagen de tu cuerpo, y quédate con lo que estas contemplando por dentro, la sensación de Ser, la sensación de existir. Pero, más allá de los límites de tu cuerpo. La sensación de ser que atraviesa con sutilidad los puntos cardinales, allí donde no hay interior ni exterior, allí donde no hay ni sujeto ni objeto, o al menos no hay separación en lo interno o lo externo, ni la separación entre observador ni observado, ni hay puntos cardinales. Estamos hablando de la pura conciencia de ser, un espacio sin límites, sin costuras, vastedad. En el reino de lo no manifestado, reino de lo, sin nombre. En el reino de tu naturaleza real, en el reino de la unidad donde no hay compartimentos, porque todo es compartido, no hay lucha.

Y ahora puedes atender todo el cuerpo: tomar conciencia de las sensaciones de tu cuerpo y de tu mente. Déjate apoyar en la tierra, deja que la tierra te sostenga y nutra.

Y volviendo a tu cuerpo, a los sonidos externos, al contacto del cuerpo con el aire, la temperatura y poco a poco a tu ritmo ir movilizando el cuerpo y abriendo los ojos, evitando bostezar ni estirarte.

BIBLIOGRAFÍA: