Kin hin se practica en el doyo o zendo entre dos periodos de zazen. Es la postura de pies, la continuación de la concentración de zazen durante la marcha.
Kin hin se practica en el doyo o zendo entre dos periodos de zazen. Es la postura de pies, la continuación de la concentración de zazen durante la marcha.
La parte superior del cuerpo está como en zazen: la columna vertebral bien derecha, mentón recogido, nuca extendida, la mirada posada delante de uno a unos tres metros. La mano izquierda envuelve a la mano derecha y las dos manos se aprietan fuertemente juntas y se apoyan contra el esternón, los hombros relajados.
Se avanza de a medio paso, al ritmo de la respiración. La espiración corresponde a un tiempo de tensión, inmóvil. El cuerpo se distiende durante la inspiración y es en ese momento en donde se avanza. Como en zazen, se dejan pasar los pensamientos.
Se trata de un caminar consciente, pausado, sintiendo cada pequeño movimiento que producen los pies descalzos sobre el suelo en todo el cuerpo y sentir que al dar un paso nuevo va quedando atrás el anterior, en un continuo soltar.
En este lento caminar no vamos a ningún lugar, se avanza sin expectativas, sin querer controlar nada. Nadie va primero ni último e intentamos mantener la distancia con la persona que va delante. Lo que hago no me conduce a nada concreto, sino que tiene valor por sí mismo.
Se trata de fundirse con el paso que doy. Ser uno con el paso. Hacerse uno con él.
Caminar, caminar, sin más destino
que el propio caminar; sin más morada
que el espacio infinito de la Nada…Rafael Redondo
