¡ELÍ, ELÍ, LAMA SABACTANI! Con ese grito desesperado, Jesús clamó en la soledad más hosca por el amparo de quien, hasta ese momento, fue para Él su sentido del vivir, el Padre que le había abandonado. Pero de esa experiencia yo extraigo la mía: la fe en la resurrección no diluye el problema de la muerte, no lo soluciona. Me identifico con Bonhoeffer cuando, desde su particular calvario como condenado a muerte por los nazis, escribió algo hermosamente verdadero: “Dios nos hace vivir como hombres capaces de vivir sin Dios, el Dios que está con nosotros es aquel que nos abandona”. El Dios que acompaña y se manifiesta en la distancia, o incluso en la ausencia. Añado:
¿Por qué acallar
el estampido que no calla,
de Aquella que seduce,
de Aquel que nos abraza…?
¿Por qué acallar
ese continuo exceso de evidencia?
Quien así habla no lo hace desde los límites, sino desde el centro de su ser, “no en la debilidad sino en la fuerza”. La Fuerza que en lugares de suplicio y maldición suele brotar en los desahuciados, o, en palabras de E. Galeano, los jodidos y rejodidos de la Tierra, los proscritos y excomulgados del Orden Establecido de ayer y de hoy. La súplica de uno de ellos –“Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu reino” brota súbitamente de un malhechor que nada tiene ya que esperar de nadie, ni siquiera de sí mismo. Jesús, en estado terminal como él y junto a él, lo oye, y sin titubear lo saca de la sombra del abandono: “Te aseguro –le responde- que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”. Un delincuente miserable y derruido social, tiene el valor de solicitar que el nazareno se acuerde de él.
Impresionante, Jesús: mientras el abandono de Dios te ahoga, sigues hablando del Paraíso. Tus ojos se velaban ante el ardor de la tortura bajo el sol del mediodía oriental y la noche de la muerte; pero en medio de ese infierno no dejó de otear la luz del verdadero amor.
Jesús, no tiene en cuenta el curriculum más abyecto ni las bajezas más repugnantes de una vida criminal que pide humildemente redención. Ante la perversidad del fango del proscrito y el instinto criminal alimentado por el vicio; ante la brutalidad repetida y reiterada que destroza todo pronóstico de reinserción… cualquier hombre o mujer de bien considerará, como hoy hace en su seno inconsciente si un ser de semejante calaña puede ser digno de entrar en el Paraíso junto a los justos y los buenos… para Jesús, Dimas sí era digno
Pero, independientemente de lo que opinen, políticos, penalistas, teólogos o psicólogos, el amor real reconoce en cualquier ser humano su calidad de Hijo de Dios, porque el amor real es capaz de penetrar en el corazón perverso y transformar el fuego infernal de su agonía en un instante; hasta llegar a él el fuego purificador del Espíritu que sopla donde quiere e ilumina y renueva las sombras de la Tierra.
Le pregunté a la hoja si le asustaba la llegada del otoño y la caída de las hojas. Y me respondió: «No, he estado completamente viva durante toda la primavera y el verano. He trabajado duro para alimentar al árbol y ahora hay mucho de mí en él. No estoy limitada a mi forma actual.…
Las actividades que realizaremos para adentrarnos en la propuesta serán: sentadas en silencio, algunas guiadas en la línea de la compasión y aceptación, paseos contemplativos, trabajo corporal a través del Qi Gong y, seguramente, prácticas de meditación incorporada a la relación. El retiro será en Silencio.
Atento a todo, en medio del huracán, el mejor sitio.Y atento a todos -y con todos- los sentidos. Atento al Todo que en ti late, que nos late, en medio de la refriega.Escuchar con el tacto, el leve soplo de esa voz, estrujando en el oído el rugido, y el golpe de la palabrería.Constatar que en el…
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