Amar, AMAR AHORA, en tiempos de intemperie, es ejercer la Confianza, incluso hallarse arraigado en el mismo corazón del desarraigo. Porque confía, mi mano abierta es dádiva que espera…
Me acojo en su Vacío. Sé que todo esto se dice pronto, pero aun mejor sé que lo vivo y que vive más allá de la literatura.
El lenguaje no se reduce a lengua. El acto creador tan sólo se limita a vaciar el espacio interior de las palabras que lo colonizan y dejarlas flotando, sin más asidero que el Vacío del que surgen, para, seguidamente, colocarlas, suspendidas, en el hueco asentamiento del Origen, donde nada ni nadie habla. Alcanzar el difícil arte en el que la palabra, silenciada en el lecho de su propio manantial, deguste en esa expectante vacuidad el sabor del profundo mutismo que traspasa las entrañas de sus rimas silenciosas. Arañar las fronteras vacías hasta perforar las sombras ilusorias que envuelven el Ser. Hundirse, hasta embriagarse, en el licor de la Oquedad que está fuera del tiempo, en ese espacio sin formas donde la palabra, por muy bella que fuere, apenas balbucea su intención de resistirse a hablar, siendo ella tan sólo un barrunto de esa intención primigenia del ser humano, reprimida y olvidada, de permanecer callado en la experiencia del Ser.
La rama tiene sus pájaros fieles
porque no ata,
ofrece
(Pedro Salinas)
Deslizarse confiado, por las espaldas de la Nada, por su oferente gratuidad, por el envés del Ser, por el dorso vacante del lenguaje olvidado a causa de la incontinencia verbal de los discursos: el Gran Silencio que habita las palabras, antes de que estas se dejaran decir…
Ya es hora de sellar el poder del desolado lugar común, de horadar sus acotadas tribunas abismales, hasta que, más allá del ruido, se deje atisbar el portal donde mora aquello que, generoso y disponible, en cada instante ofrece la plenitud de su vacío cuenco. Transformarse en su silencio vacío, ser sólo su vacío. Y regenerarse en la sola sensación de ser para seguir hablando a través de la no-palabra que mana del Todo. Y, siendo Nadie, transformarse en
Le pregunté a la hoja si le asustaba la llegada del otoño y la caída de las hojas. Y me respondió: «No, he estado completamente viva durante toda la primavera y el verano. He trabajado duro para alimentar al árbol y ahora hay mucho de mí en él. No estoy limitada a mi forma actual.…
Las actividades que realizaremos para adentrarnos en la propuesta serán: sentadas en silencio, algunas guiadas en la línea de la compasión y aceptación, paseos contemplativos, trabajo corporal a través del Qi Gong y, seguramente, prácticas de meditación incorporada a la relación. El retiro será en Silencio.
Atento a todo, en medio del huracán, el mejor sitio.Y atento a todos -y con todos- los sentidos. Atento al Todo que en ti late, que nos late, en medio de la refriega.Escuchar con el tacto, el leve soplo de esa voz, estrujando en el oído el rugido, y el golpe de la palabrería.Constatar que en el…
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