El fuego de tu amor, Abbá querido.

Sobrevuelan mi casa. Trinan, juegan;
a su modo conversan. Y describen
en sus vuelos rasantes lo que viven
en la altura. Se alejan, vuelan, llegan…
Siempre llegan. Sus alas se despliegan
por cúmulos y cirros, que reciben
sus besos siderales. No se inhiben.
Siguen y siguen; bajan y despegan…..
Golondrinas, arcángeles alados
camuflados en frac de noche y luna,
se agrupan como dándose la mano.
Sus trinos, aquí, allá, por todos lados,
anuncian su venida. Y, una a una,
se marcharán al sol de otro verano.
Rafa Redondo

 

 

Mis limitaciones crecen día a día, pero todo lo puedo en Aquel que me conforta. A pesar de las horas oscuras, nos sobran motivos para agradecer la luz y celebrarla…

 

Rafa Redondo

 

Yo te recibo, Espíritu, como un nacimiento inagotable, como el manantial de una una Buena Nueva que incesantemente brota y rebrota a borbotones.
Yo te recibo, Santo Espíritu, que permitiste que en las angustiosas horas de penumbra, sintiera diáfanamente en mi cuerpo enfermo la Presencia Activa de tu Soplo, fuente de toda curación, chorro de agua limpia que lava y acaricia sin cesar.
Sí, y tan diáfanamente… porque no es el humo el que calienta, sino el fuego. El fuego de tu amor, Abbá querido.
Rafa Redondo

 

Múisca: Eva Cassidy – Blues Alley concert

 

 

 

Tú, Aliento enamorado

Tú, Aliento enamorado; Tú, maternal Padre, que, amando, en tus candeales senos me diluyes y contienes; Tú, sangre de mi sangre, que latiendo en tus latidos, me tienes y mantienes. Tú, Vida de mis venas, que en las albas me recibes, y en las noches me sostienes. Tú, Unidad incombustible, que a terrenal carne y a vida eterna sabes; la que, ahora, muy a deshora, ya cansado, y por tu amor estremecido, me inspiras la dicha sin palabras de cantarte este canto agradecido.
Tras el antiguo amor del corazón del Padre Bueno, el que siempre añora
el hijo pródigo cuando retorna tras la aldaba de la casa….
Sus harapos, aunque más dorados que el imperio del hermano envidioso, no cubrirán el frío que al anciano padre obliga a abandonar su puesto de vigía.
Siempre me esperaste, Abba, a, mí, tu hijo, al despuntar el alba. He aprendido tu lección. Por eso, yo también me apresuro a perdonar, ¡que se tornen en carne los corazones de piedra, pues el viento es gélido y el día ha declinado…!

 

Rafa Redondo

Música: Autumn Leaves – Eva Cassidy

 

 

 

 

Scio cui credid

 

Al aproximarse y ver la ciudad, lloró por ella y dijo: si conocieras tú por fin en este día el camino de la paz…mas ahora queda oculto a tus ojos, porque sobrevendrán tiempos malos, te cercaran tus enemigos…
(Lc, 19, 42)
Te aproximaste a Jerusalén junto a los tuyos. Y al llegar a la cima desde donde se divisaba la ciudad Santa, sentiste un temblor escalofriante sobre tu piel, la contemplaste ensimismado, emocionado. Y todo ello ante el escenario de un duro final que jamás rehuiste.
Ante Ti la bella ciudad del Templo, con sus muros, sus palacios, su historia; toda ella bajo tu mirada…. Y, no pudiéndote contener, rompiste a llorar.
Me llama la atención, compasivo Maestro, que no fuera el duro final que preveías el que arrancara tus lágrimas, sino la suerte de aquellas gentes…
Mascabas ya la soledad más hosca que adivinabas y a la que también te adelantabas; pero la tuya, Jesús, era una soledad enamorada. Tú eras y eres –lo sé muy bien- quien consuela y acompaña a la soledad de los más solos…
Por eso, por todo eso, vuelvo a clamar: scio cui credidi: sé de quién me he fiado.

 

 

Rafa Redondo

 

Música: Trio Mandili – Guli´s karebi

 

 

 

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